viernes, 29 de julio de 2016

Galpón reconvertido a estacionamiento


Hace tiempo relevaba el caso de esta casa, tapiada y con la fachada destrozada, en Callao casi San Luis. Ahora bien, paso frecuentemente por esas cuadras y desde hace tiempo veo que este edificio, que está a pocos metros, había comenzado a ser remodelado.

Se trata evidentemente de un edificio antiguo que no fue muy modificado, que ya fue construido con la idea de ser un galpón o algo similar. Tal vez se ha perdido la parte izquierda, o eso creo adivinar, pero en resumen estaba bastante completo.

Así, como lo muestra Google Street View, estaba en marzo del 2015, o sea año y pico atrás. Pero desde que empecé a pasar, a fines del año pasado, ya vi que había remodelaciones en trámite. El edificio, en el que ahora funciona, creo, algún tipo de depósito, se está convirtiendo, al parecer, en un estacionamiento.

Estas dos fotos las saqué en mayo de este año. Se puede ver cómo se cortaron las dos ventanas, se puso una viga y se creó un portón más ancho y grande. Por suerte el arquitecto o ingeniero a cargo tuvo sentido común de aprovechar lo que hecho, como los límites de las ventanas, y no romper porque sí. Dentro de todo, es un arreglo bastante racional.



No tengo fotos de lo que hicieron en el interior, pero de tanto pasar mientras estaban en obras, pude ver que se había construido una rampa, así como columnas nuevas que la soportaban y le daban firmeza al resto de las remodelaciones. No fue un trabajo pequeño, porque el espacio interior es bastante grande.

Hace unos días, a principio de julio, las tareas parecían haber sido completadas (el cartel de obra ya había sido retirado). El detalle de las remodelaciones es muy prolijo, así que no me puedo quejar. A veces hay que cambiar las cosas; si se hace bien, prefiero eso mil veces a la demolición.





 Lo único que falta, eso sí, es una buena mano de pintura para toda la fachada, y esconder esa viga oxidada, por el amor de Dios!

jueves, 21 de julio de 2016

Casa azul y blanca en Callao y 3 de Febrero

La casa, según se ve por calle Callao.
A veces hay edificios que no sobresalen por cómo fueron construidos, por su estilo o su época, sino por lo que los dueños han decidido hacer con ellos. El cuidado, la pintura, y a veces alguna que otra genialidad y originalidad hacen la diferencia y les permiten destacar por sobre los demás.

Esto es lo que sucede con esta casa de dos plantas (y algo más) en la esquina de Callao y 3 de Febrero. De lejos puede parecer una esquina más (sobre todo ahora, en invierno, cuando la hermosa cobertura viva desaparece, pero se la puede ver en Google Street View). Pero cuando nos acercamos, además de ver las aberturas en arco triangular (poco comunes), encontramos que la forma de decorar la ochava recortada es particularmente artística.

Vista desde 3 de Febrero.
El estilo de la construcción es, para mí, un enigma. Tal vez es una casa de estilo art decó que perdió parte de su decoración y quedó solamente con esta marca en las aberturas; o tal vez fue simplemente un arquitecto más moderno que eligió ponerle un toque de distinción a la misma. Esta última es la opción que más se me ocurre, porque el poner columnas en la ochava falsa para soportar la segunda planta es algo mucho más moderno, y todavía es algo que se hace con regularidad.

Sea cual sea el estilo, como dije antes, el cuidado de los dueños y su originalidad es lo que hacen que esta casa sobresalga, incluso sin ese verde radiante que aporta la enredadera, ahora mustia por la época invernal.

Ojalá hubiera más casas así, en donde la pintura y la arquitectura se unieran para reforzarse mutuamente. Y si a eso le sumamos las bellezas de la naturaleza, es cartón lleno.



Hasta el detalle de pintar el rastro de tinta.
Detalle de la firma abajo.

La columna que sostiene la segunda planta se
convierte mágicamente en una pluma fuente.

Y hay más: la columna anexa, más delgada, se convierte
en un lápiz. El muro de la fachada, en segundo plano,
está decorado con motivos abstractos en tonos de azul,
blanco y negro, con algunos detalles de rojo.

miércoles, 13 de julio de 2016

Los buzones rosarinos, protegidos

Hay muchas cosas del pasado arquitectónico y urbanístico de una ciudad que a veces queda obsoleto, reemplazado por algo más moderno o simplemente borrado por alguna cuestión. Me viene a la mente las pequeñas puertas de algunos caserones y mansiones, alejadas de la puerta principal, que seguramente se usaban para que entrara la servidumbre.

Una de esas cosas son los buzones. Yo ya no los usé; mandé muchas cartas cuando era más joven, pero siempre enviadas desde una dependencia del Correo. La mía estaba en una agencia de lotería, que más adelante, calculo que por falta de clientes o por la baja ganancia, dejó de prestar el servicio.

Sin embargo, los buzones fueron parte importantísima de la vida de muchas personas, de la generación de mis padres y de mis abuelos. Eran el vínculo con el mundo, a través de esas cadenas de cartas que muchas veces se iniciaban allí.

El buzón de Mitre y Santa Fe, abandonado cuando trataron
de robarlo y alguien lo impidió. Foto de archivo de Rosario3.
Lamentablemente ya para mi época comenzaron a ser abandonados y dejados a la buena de Dios. Con ese panorama, no solo el vandalismo comenzó a dañarlos, sino también los robos. La imagen es de un intento de sustracción de 2015; increíble que paso por esa esquina una vez por semana y ni siquiera sé si lo volvieron a poner (creo que no, no lo registro).

El otro robo, mucho más famoso por sus fotos y posteriores evoluciones, fue de marzo de 2015. Afortunadamente, el buzón, que estaba en la esquina de Santiago y Córdoba, fue devuelvo por los ladrones, quienes se entregaron a las autoridades cuando vieron que habían sido escrachados en una foto.

Por lo menos ese volvió, pero vayamos a saber cuántos más habrán sido arrancados por vándalos estúpidos o simplemente robados para venderlos como adornos o para ser fundidos como chatarra.

En este contexto me entero por esta nota del portal de noticias Rosario3, que los buzones de Rosario serán declarados patrimonio histórico, y que la Municipalidad deberá hacer un relevamiento para saber cuantos quedan, donde están, conocer su estado y proceder luego a obtener fondos para su restauración y cuidado.

Me parece una idea excelente. Lamentablemente habrá quien lo vea como un gasto, pero la realidad es que además de una cuestión moral, de querer el pasado, podemos verlo también como una cuestión turística, de conservar el pasado al menos para que otros lo vean. Yo pienso que este tipo de elementos son como los árboles o las especies en extinción: recursos no renovables que hay que saber administrar y cuidar.

Así que una buena. Esperemos que encuentren muchos y que queden hermosos.

sábado, 9 de julio de 2016

La casa de Urquiza

Paso cada tanto y me sigo preguntando lo mismo que muchos vecinos. ¿Por qué esta edificación de Alberdi 1838 bis no es monumento histórico, porqué no está protegida oficialmente, porqué no se la usa para el bien público?

Nada de nada. Sigue abandonada desde la época en que cerró una confitería, que seguramente dejó su interior hecho cualquier cosa.

Conocida como la casa de Urquiza, porque el caudillo fue dueño de estas tierras, se dijo también en algún momento que por la zona transitó Belgrano, aunque en todo esto hay mucho de misterio y leyendas, y pocas certezas históricas. Lo cierto es que aparentemente era un edificio auxiliar de una gran estancia de la época de la firma de la Constitución (mitad del Siglo XIX), la cual perteneció a Urquiza.

Como comentan en el video, que salió al aire hace unos pocos días en Canal 3 de Rosario, hubo idas y vueltas con el tema de su status histórico... y todo sigue ahí. Creo que la última vez que pasé no estaba vallada, por lo que se podía ver algo del interior, pero tal vez me equivoco y es parte de mi deseo. Como muchos, creo que allí debería haber no solo un punto histórico, una placa recordatoria, sino también algo que le sirviera a toda la ciudad, a toda la comunidad, algo vivo y activo, como un centro cultural, una biblioteca... Porque la historia no debe ser algo seco y muerto.

Como cierre, me sigo preguntando qué utilidad ve la gente en pintar edificios antiguos de negro (sobre todo si son discoteras y demás lugares nocturnos, porque hay muchos de esos). Lo bueno es que la pintura absorbe el sol y se termina descascarando sola, lo que facilita la restauración, pero igual es algo muy, muy feo.


viernes, 1 de julio de 2016

El portón de Santa Fe y Vera Mujica

Estaba y no está, y es una de las huellas que más me duelen en mi recorrido habitual por la ciudad.

Cualquiera que sepa algo de Rosario sabe que la actual Terminal de Ómnibus fue en primer lugar estación de trenes, y que en el actual Patio a la Madera estaban localizados una serie de galpones y depósitos en donde, entre otras cosas, se guardaban y reparaban vagones y locomotoras. La estación fue reconvertida, y los galpones en su mayoría fueron demolidos; solo quedó el que ahora se conserva como discoteca y centro de convenciones.

Pero en la esquina opuesta, por Santa Fe y Vera Mujica, quedó un recordatorio de ese pasado: el portón de entrada a uno de estos galpones. Los pilares, el arco de hierro y el portón estaban ahí como mudos testigos de lo acontecido, de nuestro pasado y presente como ciudad portuaria y cerealera, y por lo tanto, como nodo ferroviario.

Para mí era una cosa fantástica: una puerta que no daba a ninguna parte. Seguramente estaba cerrada, pero incluso así era un lugar mítico, mágico. No hay muchas de esas puertas en Rosario (ni en otras partes del mundo, supongo). Y esta era especial por su tamaño: un enorme portón que no da a ningún lugar, que uno puede rodear porque ni siquiera tiene paredes a su alrededor. Hay arcos y marcos de puertas sin las puertas, para marcar la existencia de lugares demolidos (sin ir más lejos, la fachada de uno de los galpones del Patio a la Madera). Pero esto era diferente.

Era un hito tan habitual, tan común, que no lo vi venir.

Hace unos años, se decidió mudar el local de McDonalls que estaba junto al Patio a la Madera, por calle Caferatta, a esa esquina de Santa Fe y Vera Mujica. Se anunciaron obras: la construcción de una playa de estacionamiento, veredas, etc. Mientras pasaba el tiempo, intuí que aquello seguiría igual, que el diseño del nuevo lugar abrazaría a ese ícono de nuestro pasado, que lo incluiría o al menos, si lo dejaba de lado, lo dejaría como estaba.

Pero no fue así. Un día como cualquiera, mientras pasaba con el colectivo, ya no estaba. Nunca más lo volví a ver.

O no, miento. Para mí es una esquina fantasma. Cada vez que paso por ahí cierro los ojos, o miro hacia otra parte. Me niego a visitar esa visión comercial y corrupta (uno de los malos manejos que tuvo la pasada administración municipal, en donde varias obras se construyeron con permisos extraños, vencidos, raros, etc.) que olvida el pasado y lo corre hacia las sombras. Para mí, en esa esquina sigue estando ese portón.

Lamentablemente, como dije antes, ni atiné a sacarle foto, porque pensé que iba a seguir ahí. Fue el primero de mis Perdidos, y el que más me demostró que nunca tenía que suponer nada: una dolorosa lección de que a muchos, el pasado le importa bien poco, y que le toca al resto preservarlo y recordarlo. Es por eso que durante muchos meses, años, busqué cada tanto fotos de esa esquina como era antes. Hace poco logré ubicar esta, que publico aquí, de autor anónimo. No tengo más para mostrar.

Lo único que en su momento aminoró mi dolor es que, según me enteré más tarde, el portón en sí fue reconocido como algo valioso del patrimonio rosarino, y se colocó en la puerta de la Ciudad de los Niños, en la zona norte de la ciudad (cerca de las nuevas torres y del río). Pero ahí no luce, no se ve desde lejos, desde las veloces y anchas calles. No está donde debería, ni para lo que estaba hecho.