martes, 30 de agosto de 2016

La facilidad de arruinar lo hermoso

Iba a poner esta entrada bajo la etiqueta de Postales, pero me pareció que mejor no. No quiero que esto sea una postal de Rosario.

La foto que acompaña esta líneas es de hace varios años, de 2008. Es de la fachada de un edificio en Presidente Roca al 400, calle que a esas alturas recorrí y disfruté durante años.

El otro día pasé, y esta parte estaba pintada. De morado. Con latex sintético brilloso.

La gente no parece darse cuenta de que ciertas cosas no deben existir. Entiendo que no sepan de arquitectura, que no sepan que estos edificios no fueron pensados para ser "coloreados", sino construidos para simular un color piedra. Incluso así, muchos son pintados de colores y no quedan mal.

Pero ya me estoy cansando de las fachadas todas negras, de las puertas de madera pintadas de rosa, y ahora... ahora este hermoso detalle es morado. MORADO.

Debería haber algún código municipal. Aunque nadie lo controlara, así al menos podríamos decir, legalmente, que está mal arruinar algo tan bello de esa manera.

sábado, 6 de agosto de 2016

Avenida Alberdi esquina pasaje Eguren

El edificio a fines de 2013, cuando la concesionaria ya había cerrado.
Esta entrada tiene muchas aristas. Comienza con un edificio casi anónimo pero con rasgos distintivos, que hasta hace tiempo era una concesionaria de motos enclavada en plena zona comercial de Arroyito.

Paso por ahí diariamente, pero en colectivo, por lo que es uno de esos edificios que aparentemente uno conoce al detalle, pero que a veces uno ve de cerca y descubre más cosas. Así fue en este caso.

Como puede verse a en estas dos fotos de Google Street View, a simple vista parece ser un simple edificio grande, con detalles que lo relacionan al art decó (las rayas horizontales de la zona más alta) o incluso al racionalismo (las ventanas con extremos semicirculares, una en la entrada, en la ochava, la otra en la fachada que da a Avenida Alberdi, que aquí no se puede ver a causa de los frondosos árboles). En suma, eso es lo que siempre pensé del mismo.

Sin embargo como comento más arriba, la concesionaria cerró y con el tiempo fui testigo del abandono del lugar, que se puso en alquiler. Empecé a temer que le pudiera pasar algo a este edificio, en el que intuía algún tipo de valor arquitectónico; por lo menos a mí me parecía agradable. Además, está emplazado en una esquina curiosa, de la cual hablaré más adelante, por lo que creía que si era demolido, todo el conjunto perdería su encanto.

Este miedo se acrecentó cuando, un día, vi que el edificio tenía un problema grave. Los dejo con las fotos de Google Street View, que pasó bien cerquita del lugar y pudo captarlo al detalle.


La fachada del pasaje Eguren. Observen el deterioro del alero,
a la derecha.
 

Foto desde abajo del alero; nótese que se está desprendiendo el revoque
y se ven los ladrillos.

Detalle del daño en el alero, por el abandono y la falta de mantenimiento.
Ahora bien, este problema venía de tiempo atrás y como el edificio no fue mantenido por sus dueño, se acrecentó. Un día pasé con el colectivo y vi que parte de la mampostería se había desprendido. Como el lugar es transitado, al poco tiempo lo vallaron. Fue ahí que temí por toda la estructura. Pasaron los días, y algunos trozos más se cayeron, hasta el punto en el que uno podía ver la malla de alambre que colgaba, con restos de cemento pegados.

Pasaron varias semanas y después, un día, noté que había albañiles trabajando en el alero. Fue ahí que me calmé, porque si iban a demoler todo (algo totalmente irracional, porque el resto del edificio parecía estar bien) no tenía sentido arrancar por abajo. Dicho y hecho, al poco tiempo el alero había desaparecido, y las vallas mantenían cerrado al edificio pero ahora mostrando otros detalles.

Cuando pasé de nuevo, lo primero que noté fue esto. Bajo dos de las ventanas falsas, había en el ladrillo marcas de antiguos marcos. Como si allí abajo hubiera existido algo más antes que el alero.

Entonces pensé que este alero no terminaba de encajar en el conjunto de la construcción. Lo había visto tantas veces en su lugar que lo di por sentado como algo que estuvo siempre ahí, pero no, en realidad no fue así.

La inspección en otras partes de la fachada que da a Avenida Alberdi me dice que, evidentemente, este edificio es más viejo de lo que aparentaba; originalmente no era ni racionalista ni art decó, sino que, por la altura de estos supuestos arcos y de su escasa anchura, evidemente era un edificio más tradicional, posiblemente art-noveau o similar.

Obsérvese a la izquierda el arco de ladrillos que rompe con el intercalado
normal de cualquier pared; abajo había una puerta o una ventana.
Detalle de más cerca de lo anterior. Se nota con claridad el arco que soporta
el resto de la estructura. Obsérvese también los adornos superiores, que
a mí se me antojan entre art-decó y racionalistas.

Así que ese edificio que parecía una cosa era, en realidad, otra. Ahora, a punto de ser reciclado (espero que pronto sea alquilado o comprado, y usado para algo útil), veo que ya había sido reciclado antes. Tal vez ahí hubo una casa, o una farmacia, o vaya uno a saber qué cosa.

En esta foto podemos ver ladrillos de dos colores; los más rojos tal vez son más nuevos, o tal vez simplemente diferentes. Lo que refuerza la teoría de que el edificio tuvo reformas grandes en su fachada, sobre todo en la parte que da hacia la esquina.

Pero hay más evidencia. Como digo, es una historia con muchas aristas. Hace unos días me tomé el 113, único colectivo que transita la brevísima cuadra del pasaje Eguren sobre el que está este edificio (hay otra cuadra también muy breve a pocos metros; espero algún día poder retratar todo el recorrido del pasaje, que mide unas 4 cuadras en total).

En fin, lo que vi fue más evidencia. Primero, ventanas tapiadas, con marcos propios de las casas antiguas; además, el típico almohadillado, las líneas en la fachada y un brevísimo alero, que posiblemente fue el límite del techo con una terraza amurallada.

Como puede verse en estas fotos, es evidente que, sobre el edificio anterior se construyío al menos un piso más, o tal vez un piso y un entrepiso, de acuerdo a la cantidad de ventanas y sus alturas relativas.

Tal vez todo el complejo fue más que un solo edificio; tal vez fueron dos que se unieron y se convirtieron en uno. Todo indica, por la falta de puertas, que se trata de un solo bloque ahora, al cual se accede por la Avenida Alberdi.

Así que ahí cierro mi historia, que se viene desarrollando desde hace varios meses, cuando empecé a ver las rajaduras en el alero. Todo lo que nos enseña esto es a mirar mejor y a no sacar conclusiones apresuradas. Algunos edificios pueden parecer una cosa y ser otra muy diferente; con respecto a esto, no digo que lo que acabo de decir sea todo cierto, pero me parece bastante evidente lo que sucedió.

Bueno, los dejo con una foto del pasaje Eguren en perspectiva; a ver si, como digo, algún día de estos lo puedo recorrer y fotografiar como se merece, en especial sus dos brevísimas cuadras, la del principio y la del final.







viernes, 29 de julio de 2016

Galpón reconvertido a estacionamiento


Hace tiempo relevaba el caso de esta casa, tapiada y con la fachada destrozada, en Callao casi San Luis. Ahora bien, paso frecuentemente por esas cuadras y desde hace tiempo veo que este edificio, que está a pocos metros, había comenzado a ser remodelado.

Se trata evidentemente de un edificio antiguo que no fue muy modificado, que ya fue construido con la idea de ser un galpón o algo similar. Tal vez se ha perdido la parte izquierda, o eso creo adivinar, pero en resumen estaba bastante completo.

Así, como lo muestra Google Street View, estaba en marzo del 2015, o sea año y pico atrás. Pero desde que empecé a pasar, a fines del año pasado, ya vi que había remodelaciones en trámite. El edificio, en el que ahora funciona, creo, algún tipo de depósito, se está convirtiendo, al parecer, en un estacionamiento.

Estas dos fotos las saqué en mayo de este año. Se puede ver cómo se cortaron las dos ventanas, se puso una viga y se creó un portón más ancho y grande. Por suerte el arquitecto o ingeniero a cargo tuvo sentido común de aprovechar lo que hecho, como los límites de las ventanas, y no romper porque sí. Dentro de todo, es un arreglo bastante racional.



No tengo fotos de lo que hicieron en el interior, pero de tanto pasar mientras estaban en obras, pude ver que se había construido una rampa, así como columnas nuevas que la soportaban y le daban firmeza al resto de las remodelaciones. No fue un trabajo pequeño, porque el espacio interior es bastante grande.

Hace unos días, a principio de julio, las tareas parecían haber sido completadas (el cartel de obra ya había sido retirado). El detalle de las remodelaciones es muy prolijo, así que no me puedo quejar. A veces hay que cambiar las cosas; si se hace bien, prefiero eso mil veces a la demolición.





 Lo único que falta, eso sí, es una buena mano de pintura para toda la fachada, y esconder esa viga oxidada, por el amor de Dios!

jueves, 21 de julio de 2016

Casa azul y blanca en Callao y 3 de Febrero

La casa, según se ve por calle Callao.
A veces hay edificios que no sobresalen por cómo fueron construidos, por su estilo o su época, sino por lo que los dueños han decidido hacer con ellos. El cuidado, la pintura, y a veces alguna que otra genialidad y originalidad hacen la diferencia y les permiten destacar por sobre los demás.

Esto es lo que sucede con esta casa de dos plantas (y algo más) en la esquina de Callao y 3 de Febrero. De lejos puede parecer una esquina más (sobre todo ahora, en invierno, cuando la hermosa cobertura viva desaparece, pero se la puede ver en Google Street View). Pero cuando nos acercamos, además de ver las aberturas en arco triangular (poco comunes), encontramos que la forma de decorar la ochava recortada es particularmente artística.

Vista desde 3 de Febrero.
El estilo de la construcción es, para mí, un enigma. Tal vez es una casa de estilo art decó que perdió parte de su decoración y quedó solamente con esta marca en las aberturas; o tal vez fue simplemente un arquitecto más moderno que eligió ponerle un toque de distinción a la misma. Esta última es la opción que más se me ocurre, porque el poner columnas en la ochava falsa para soportar la segunda planta es algo mucho más moderno, y todavía es algo que se hace con regularidad.

Sea cual sea el estilo, como dije antes, el cuidado de los dueños y su originalidad es lo que hacen que esta casa sobresalga, incluso sin ese verde radiante que aporta la enredadera, ahora mustia por la época invernal.

Ojalá hubiera más casas así, en donde la pintura y la arquitectura se unieran para reforzarse mutuamente. Y si a eso le sumamos las bellezas de la naturaleza, es cartón lleno.



Hasta el detalle de pintar el rastro de tinta.
Detalle de la firma abajo.

La columna que sostiene la segunda planta se
convierte mágicamente en una pluma fuente.

Y hay más: la columna anexa, más delgada, se convierte
en un lápiz. El muro de la fachada, en segundo plano,
está decorado con motivos abstractos en tonos de azul,
blanco y negro, con algunos detalles de rojo.

sábado, 16 de julio de 2016

miércoles, 13 de julio de 2016

Los buzones rosarinos, protegidos

Hay muchas cosas del pasado arquitectónico y urbanístico de una ciudad que a veces queda obsoleto, reemplazado por algo más moderno o simplemente borrado por alguna cuestión. Me viene a la mente las pequeñas puertas de algunos caserones y mansiones, alejadas de la puerta principal, que seguramente se usaban para que entrara la servidumbre.

Una de esas cosas son los buzones. Yo ya no los usé; mandé muchas cartas cuando era más joven, pero siempre enviadas desde una dependencia del Correo. La mía estaba en una agencia de lotería, que más adelante, calculo que por falta de clientes o por la baja ganancia, dejó de prestar el servicio.

Sin embargo, los buzones fueron parte importantísima de la vida de muchas personas, de la generación de mis padres y de mis abuelos. Eran el vínculo con el mundo, a través de esas cadenas de cartas que muchas veces se iniciaban allí.

El buzón de Mitre y Santa Fe, abandonado cuando trataron
de robarlo y alguien lo impidió. Foto de archivo de Rosario3.
Lamentablemente ya para mi época comenzaron a ser abandonados y dejados a la buena de Dios. Con ese panorama, no solo el vandalismo comenzó a dañarlos, sino también los robos. La imagen es de un intento de sustracción de 2015; increíble que paso por esa esquina una vez por semana y ni siquiera sé si lo volvieron a poner (creo que no, no lo registro).

El otro robo, mucho más famoso por sus fotos y posteriores evoluciones, fue de marzo de 2015. Afortunadamente, el buzón, que estaba en la esquina de Santiago y Córdoba, fue devuelvo por los ladrones, quienes se entregaron a las autoridades cuando vieron que habían sido escrachados en una foto.

Por lo menos ese volvió, pero vayamos a saber cuántos más habrán sido arrancados por vándalos estúpidos o simplemente robados para venderlos como adornos o para ser fundidos como chatarra.

En este contexto me entero por esta nota del portal de noticias Rosario3, que los buzones de Rosario serán declarados patrimonio histórico, y que la Municipalidad deberá hacer un relevamiento para saber cuantos quedan, donde están, conocer su estado y proceder luego a obtener fondos para su restauración y cuidado.

Me parece una idea excelente. Lamentablemente habrá quien lo vea como un gasto, pero la realidad es que además de una cuestión moral, de querer el pasado, podemos verlo también como una cuestión turística, de conservar el pasado al menos para que otros lo vean. Yo pienso que este tipo de elementos son como los árboles o las especies en extinción: recursos no renovables que hay que saber administrar y cuidar.

Así que una buena. Esperemos que encuentren muchos y que queden hermosos.

sábado, 9 de julio de 2016

La casa de Urquiza

Paso cada tanto y me sigo preguntando lo mismo que muchos vecinos. ¿Por qué esta edificación de Alberdi 1838 bis no es monumento histórico, porqué no está protegida oficialmente, porqué no se la usa para el bien público?

Nada de nada. Sigue abandonada desde la época en que cerró una confitería, que seguramente dejó su interior hecho cualquier cosa.

Conocida como la casa de Urquiza, porque el caudillo fue dueño de estas tierras, se dijo también en algún momento que por la zona transitó Belgrano, aunque en todo esto hay mucho de misterio y leyendas, y pocas certezas históricas. Lo cierto es que aparentemente era un edificio auxiliar de una gran estancia de la época de la firma de la Constitución (mitad del Siglo XIX), la cual perteneció a Urquiza.

Como comentan en el video, que salió al aire hace unos pocos días en Canal 3 de Rosario, hubo idas y vueltas con el tema de su status histórico... y todo sigue ahí. Creo que la última vez que pasé no estaba vallada, por lo que se podía ver algo del interior, pero tal vez me equivoco y es parte de mi deseo. Como muchos, creo que allí debería haber no solo un punto histórico, una placa recordatoria, sino también algo que le sirviera a toda la ciudad, a toda la comunidad, algo vivo y activo, como un centro cultural, una biblioteca... Porque la historia no debe ser algo seco y muerto.

Como cierre, me sigo preguntando qué utilidad ve la gente en pintar edificios antiguos de negro (sobre todo si son discoteras y demás lugares nocturnos, porque hay muchos de esos). Lo bueno es que la pintura absorbe el sol y se termina descascarando sola, lo que facilita la restauración, pero igual es algo muy, muy feo.