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martes, 12 de enero de 2021

Modernizaciones y pérdidas en Córdoba casi Ovidio Lagos

 Hace tiempo que hay remodelaciones en el cuartel de Bomberos Zapadores que está en calle Córdoba, entre Ricchieri y Ovidio Lagos. Un solar enorme, que tiene salida a la otra cuadra, por calle Rioja. Un solar que antes albergó un centro de mantenimiento del tranvía.

Justamente en la salida de calle Rioja se pueden ver todavía, pegados al pavimento, varios rieles, sobre todo curvados, que permitían el acceso de las unidades al playón. O al menos espero que estén todavía, porque justamente, las remodelaciones parece que se llevaron puestas patrimonio oculto que debería haberse conservado.

El 25 de noviembre pasado pasé por la zona, que por mucho tiempo estuvo vallada. O mejor dicho, intenté pasar, porque toda la vereda estaba levantada y se podían ver los rieles de ingreso de este lado de las instalaciones. Se puede ver cómo estaban en diagonal; las piezas curvadas para que el tranvía pudiera doblar seguramente estaban sobre la calle y fueron removidas hace ya décadas.











Gracias a Dios nadie me atropelló cuando tuve que pasarme a la calle y pude sacar fotos de bastante calidad, dentro de todo. Porque lamentablemente todo esto ya no existe; unos días después pasé y estaban removiendo los rieles, y unos días más tarde, estaban haciendo la vereda en el mismo lugar.

Entiendo que tal vez había que hacer una bajada mejor para las autobombas. Entiendo que, a veces, al renovar/reciclar/mejorar un edificio hay que soltar alguna parte porque es insegura, porque no se puede mantener, etc. Pero también creo que se podrían haber conservado, sobre todo si estuvieron bajo la vereda durante tanto tiempo. Pase incontable cantidad de veces por esa vereda y nunca noté algo que me dijera que estos rieles estaban ahí; y creo que algo se podría haber hecho para mantenerlos.

Lamentablemente, estamos en Argentina, y aquí se hace todo lo más barato, se tira, se rompe o se olvida. Solo me quedo con esta pequeña alegría, si se quiere, por haber podido documentar algo de lo perdido. Después de todo, para eso hicimos este blog.

viernes, 4 de enero de 2019

Lo perdido en 2018

Hace unas semanas, en el grupo local BASTA DE DEMOLICIONES, sugerí que se publicaran fotos de las casas o edificios demolidos durante el pasado año de 2018, para poder armar una lista de todo lo que se perdió. Como sucede muchas veces, la iniciativa creció y muchos usuarios subieron imágenes de edificaciones demolidas en recientes años, o que no estaban todavía demolidas pero estaban valladas y su demolición era inminente.

La cantidad de fotos fue muy grande, 95 (aunque varias remitían al mismo edificio, desde otros ángulos o el antes y el después). Hice todo lo posible para terminar el año cumpliendo mi promesa, y aunque cumplí, quedaron varias en el tintero. Puse énfasis en las que habían sido efectivamente demolidas (había fotos de algunas que no se sabía a ciencia cierta si lo estaban o no), agregué algunas que no estaban en el listado pero de las que yo sí tenía registro, y tuve que dejar afuera otras (que espero ir sumando durante el año apenas tenga tiempo).

No tengo mucho más para decir, las imágenes lo dicen todo. Este año destaco, sin embargo, la demolición de varios bares emblemáticos. Las esquinas están sufriendo mucho y se pierden lugares de encuentro, de socialización, que luego no se recuperan porque incluso si en algunos edificios ponen bares en la planta baja, estos van a tener un alquiler astronómico y serán para pocos. Tenemos que salvar a los bodegones y a los barcitos más humildes.




































sábado, 10 de febrero de 2018

Develando el misterio de los rostros que nos miraban

Hace cosa de un año y algo, comentaba en esta entrada la desaparición de dos molduras del edificio que antes ocupara una conocida galería de arte, Krass. Pasó el tiempo y encontré más información, y una que hace todavía las curiosa la historia. Todo lo que digo aquí fue comentado en el grupo de Facebook Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo, por personas que conocen la historia de primera o segunda mano.

En primer lugar, ponernos en contexto. Krass (y esto no lo sabía y por mi relativamente corta edad y por no pertenecer al mundillo) era una galería muy importante, en gran medida debido a que su creador y dueño, Gilberto "Krass" Krasniansky, fue el centro sobre el cual se articularon muchas personalidades locales del arte y la cultura. Es así como fundó la galería, para generar un punto de encuentro mucho más fuerte.

Ahora bien, lo que descubrí es que las molduras que menciono en el artículo anterior NO eran originales a ese edificio, no formaban parte del mismo. ¿Cómo llegaron ahí? Por suerte, y por mala suerte también se perdieron.

Aparentemente la cuestión fue así. En 1977 se decide la remodelación de un edificio cercano, el Banco Español, que estaba en la esquina de Santa Fe y San Martín. Como se puede ver en las imágenes (obtenidas del grupo Fotografías y Estampas del Rosario Antiguo, en Facebook), en casi todas las arcadas estaba esta moldura, la de un hombre viejo que algunos dicen representaba a Poseidón, o a algunos otros personajes mitológicos. En fin, que muy estúpidamente se daña el aspecto original del edificio para poner carteles sobre los arcos (el de la AFIP es nuevo, creo que la AFIP no existía en esa época, era otra dependencia u otro banco, creo que el BID, recuerdo en los 90s haber estado ahí fotografíando el edificio con una amiga que vino de visita a la ciudad).


En fin, por lo que se saben, las molduras terminaron en un volquete de demolición, porque aparentemente para estos sujetos ya no servían para nada. Como Krasniansky tenía su galería a la vuelta, los encontró, pidió permiso para llevarse un par y los incorporó a su fachada, en donde estuvieron por mucho tiempo.

Ahora bien, la municipalidad tomó la posta en restaurar el edificio de Santa Fe y San Martín, hacia 2008. Por lo que sé el edificio no es de la Muni ni de la AFIP, sino que tenía otro dueño, que supongo lo alquila.

Autoridades de la Muni y encargados del proceso de restauración se acercaron a los nuevos dueños del edificio en donde había estado Krass (Krasniansky había cerrado la galería en 2008, ya que el año anterior se había enfermado gravemente, y luego falleció). Con Krasniansky aparentemente se había charlado la idea de reponer las molduras originales, o al menos sacarlas para tomar un molde y poder replicarlas para volver a colocarlas en el edificio de donde venían.

Sin embargo Krasniansky muere. Se sigue la negociación con los dueños del local, pero no se sabe por qué, los nuevos dueños lo refaccionan y retiran las molduras del viejo barbudo sin avisarles a nadie.

Lamentablemente debido a que hay un proceso de restauración abierto por el Estado, en este caso la Muni, la burocracia no puede esperar indefinidamente a que los dueños se vuelvan a poner en contacto o respondan. El proceso de restauración termina cerrándose con lo que hay. Nuevamente, gracias al egoísmo de un privado, la ciudad pierde algo valioso e irrecuperable.

Así que ahora nos quedamos sin el pan y sin la torta. Ni en el edificio de Krass, ni en el original: en ambos hay un vacío, notorio en uno, no tanto en otro, pero un vacío en fin.


miércoles, 13 de julio de 2016

Los buzones rosarinos, protegidos

Hay muchas cosas del pasado arquitectónico y urbanístico de una ciudad que a veces queda obsoleto, reemplazado por algo más moderno o simplemente borrado por alguna cuestión. Me viene a la mente las pequeñas puertas de algunos caserones y mansiones, alejadas de la puerta principal, que seguramente se usaban para que entrara la servidumbre.

Una de esas cosas son los buzones. Yo ya no los usé; mandé muchas cartas cuando era más joven, pero siempre enviadas desde una dependencia del Correo. La mía estaba en una agencia de lotería, que más adelante, calculo que por falta de clientes o por la baja ganancia, dejó de prestar el servicio.

Sin embargo, los buzones fueron parte importantísima de la vida de muchas personas, de la generación de mis padres y de mis abuelos. Eran el vínculo con el mundo, a través de esas cadenas de cartas que muchas veces se iniciaban allí.

El buzón de Mitre y Santa Fe, abandonado cuando trataron
de robarlo y alguien lo impidió. Foto de archivo de Rosario3.
Lamentablemente ya para mi época comenzaron a ser abandonados y dejados a la buena de Dios. Con ese panorama, no solo el vandalismo comenzó a dañarlos, sino también los robos. La imagen es de un intento de sustracción de 2015; increíble que paso por esa esquina una vez por semana y ni siquiera sé si lo volvieron a poner (creo que no, no lo registro).

El otro robo, mucho más famoso por sus fotos y posteriores evoluciones, fue de marzo de 2015. Afortunadamente, el buzón, que estaba en la esquina de Santiago y Córdoba, fue devuelvo por los ladrones, quienes se entregaron a las autoridades cuando vieron que habían sido escrachados en una foto.

Por lo menos ese volvió, pero vayamos a saber cuántos más habrán sido arrancados por vándalos estúpidos o simplemente robados para venderlos como adornos o para ser fundidos como chatarra.

En este contexto me entero por esta nota del portal de noticias Rosario3, que los buzones de Rosario serán declarados patrimonio histórico, y que la Municipalidad deberá hacer un relevamiento para saber cuantos quedan, donde están, conocer su estado y proceder luego a obtener fondos para su restauración y cuidado.

Me parece una idea excelente. Lamentablemente habrá quien lo vea como un gasto, pero la realidad es que además de una cuestión moral, de querer el pasado, podemos verlo también como una cuestión turística, de conservar el pasado al menos para que otros lo vean. Yo pienso que este tipo de elementos son como los árboles o las especies en extinción: recursos no renovables que hay que saber administrar y cuidar.

Así que una buena. Esperemos que encuentren muchos y que queden hermosos.

viernes, 1 de julio de 2016

El portón de Santa Fe y Vera Mujica

Estaba y no está, y es una de las huellas que más me duelen en mi recorrido habitual por la ciudad.

Cualquiera que sepa algo de Rosario sabe que la actual Terminal de Ómnibus fue en primer lugar estación de trenes, y que en el actual Patio a la Madera estaban localizados una serie de galpones y depósitos en donde, entre otras cosas, se guardaban y reparaban vagones y locomotoras. La estación fue reconvertida, y los galpones en su mayoría fueron demolidos; solo quedó el que ahora se conserva como discoteca y centro de convenciones.

Pero en la esquina opuesta, por Santa Fe y Vera Mujica, quedó un recordatorio de ese pasado: el portón de entrada a uno de estos galpones. Los pilares, el arco de hierro y el portón estaban ahí como mudos testigos de lo acontecido, de nuestro pasado y presente como ciudad portuaria y cerealera, y por lo tanto, como nodo ferroviario.

Para mí era una cosa fantástica: una puerta que no daba a ninguna parte. Seguramente estaba cerrada, pero incluso así era un lugar mítico, mágico. No hay muchas de esas puertas en Rosario (ni en otras partes del mundo, supongo). Y esta era especial por su tamaño: un enorme portón que no da a ningún lugar, que uno puede rodear porque ni siquiera tiene paredes a su alrededor. Hay arcos y marcos de puertas sin las puertas, para marcar la existencia de lugares demolidos (sin ir más lejos, la fachada de uno de los galpones del Patio a la Madera). Pero esto era diferente.

Era un hito tan habitual, tan común, que no lo vi venir.

Hace unos años, se decidió mudar el local de McDonalls que estaba junto al Patio a la Madera, por calle Caferatta, a esa esquina de Santa Fe y Vera Mujica. Se anunciaron obras: la construcción de una playa de estacionamiento, veredas, etc. Mientras pasaba el tiempo, intuí que aquello seguiría igual, que el diseño del nuevo lugar abrazaría a ese ícono de nuestro pasado, que lo incluiría o al menos, si lo dejaba de lado, lo dejaría como estaba.

Pero no fue así. Un día como cualquiera, mientras pasaba con el colectivo, ya no estaba. Nunca más lo volví a ver.

O no, miento. Para mí es una esquina fantasma. Cada vez que paso por ahí cierro los ojos, o miro hacia otra parte. Me niego a visitar esa visión comercial y corrupta (uno de los malos manejos que tuvo la pasada administración municipal, en donde varias obras se construyeron con permisos extraños, vencidos, raros, etc.) que olvida el pasado y lo corre hacia las sombras. Para mí, en esa esquina sigue estando ese portón.

Lamentablemente, como dije antes, ni atiné a sacarle foto, porque pensé que iba a seguir ahí. Fue el primero de mis Perdidos, y el que más me demostró que nunca tenía que suponer nada: una dolorosa lección de que a muchos, el pasado le importa bien poco, y que le toca al resto preservarlo y recordarlo. Es por eso que durante muchos meses, años, busqué cada tanto fotos de esa esquina como era antes. Hace poco logré ubicar esta, que publico aquí, de autor anónimo. No tengo más para mostrar.

Lo único que en su momento aminoró mi dolor es que, según me enteré más tarde, el portón en sí fue reconocido como algo valioso del patrimonio rosarino, y se colocó en la puerta de la Ciudad de los Niños, en la zona norte de la ciudad (cerca de las nuevas torres y del río). Pero ahí no luce, no se ve desde lejos, desde las veloces y anchas calles. No está donde debería, ni para lo que estaba hecho.

martes, 10 de mayo de 2016

Esas caras que ya no están

Hace tiempo atrás pasaba seguido por la esquina de San Lorenzo y San Martín. A mitad de cuadra funcionaba una galería de arte, en donde se vendían cuadros y, calculo, otros objetos de arte. No recuerdo el año, pero esta galería cerró y quedó el local vacío.

Lo que me gustaba de dicho local, que tiene una fachada bastante plana, era que algunos detalles de su pasado arquitectónico estaban presentes. Fundamentalmente, una guarda de molduras que simulaban columnas, y dos molduras de rostros, las caras de dos hombres barbudos.

Hará cosa de un año, o tal vez dos, pasé por ahí con el colectivo y ya no estaban. Así de simple. Todo hace suponer que los dueños, o los amigos de lo ajeno, decidieron sacarlos de su lugar y venderlos, porque la extracción parece haber sido bien hecha y no quedaron rastros de la misma. Solamente los ganchos sobre los que colgaban.

Lamentable depredación del patrimonio urbano, pero bueno, ya casi no quedaba nada allí. Arriba, la foto de Google Street View, que otra vez justo no pasó por esa cuadra y me impide obtener fotos más detalladas y de cerca.

Abajo, dos fotos que saqué hace unas semanas con mi celular. Mucho más no puedo contar.




viernes, 22 de abril de 2016

Bar Luna: doble patrimonio, una tragedia y un cruce del destino

Cómo da vueltas la vida, ¿no?

Hace tiempo tomé estas fotos. Creo que son más, y están por ahí dando vuelta; cada tanto las confundo y todavía no tengo un sistema de clasificación firme. Muchas fotos van quedando en carpetas, amontonadas unas con otras, sin más relación que el día en que fueron sacadas. En fin...

Iba con mi novia uno de esos días, hace ya muchos meses, caminando por la zona de la Costanera, con la cámara de fotos. De pronto tomamos por Tucumán, subiendo la pendiente que tiene esa calle que muere en el río. Y vimos esto.

Un edificio con un globo terráqueo en la fachada.

Pues sí, ahí está la foto. La dirección es Tucumán 971.

Tiempo después (¿o fue antes?) me invitaron, creo, a un cumpleaños de alguien. Como en muchos casos, olvidé los datos; mi vida es un rejunte de olvidos tontos, de no prestar atención a ciertos detalles. Creo que fui con un grupo de amigos, posiblemente a un cumpleaños, pero que tenía poco tiempo y no podía quedarme mucho; recuerdo haber pagado la entrada y haber recibido una cerveza de lata como consumisión. El hecho es que me invitaron a esta fiesta, que tenía lugar en el Bar Luna. Sitio que era mítico en la ciudad, pero que yo, criatura para nada nocturna, no conocía. Fue la primera y única vez que lo visité.

Al entrar me quedé impresionado por tres cosas: en primer lugar, dentro había una especie de patio sin techo. En segundo lugar, ¡había un enorme árbol dentro del edificio! En tercer lugar, había, si no mal recuerdo, una escalera que subía hacia la nada, o hacia un balcón muy bien escondido que no llegué a ver. Posiblemente, una terraza que había sido demolida, o algo así.

Pues sí, el árbol existía. Esta foto es de la página de
Facebook del bar
, que todavía está activa. Da escalofríos;
mientras la estaba mirando, cambiaron la portada, que
ahora tiene un boceto de la fachada.
Como dije, no recuerdo ni cuando fue, ni de quién fue el cumpleaños, etc. Estaba con poco tiempo; saludé, tomé algo, charlé un poco, y me fui. No sin tomar nota del lugar, y de las ganas de volver a ir. La música, siempre rock nacional, no te destruía los tímpanos y se podía conversar, a pesar de la cantidad de personas. Lamentablemente no tomé fotos, porque no tenía con qué hacerlo, y tampoco recordé demasiado los detalles ya mencionados.

¿Qué pasó con el Bar Luna? Pues, como cuentan estos lamentables artículos periodísticos, tuvo que cerrar debido a que no tenía suficiente público. El sitio se vendió, ¿y para qué? para demoler y construir otra cosa. Sumado al valor arquitectónico del sitio, se pierde también un lugar seminal para el rock rosarino, ya que allí tuvieron lugares conciertos de bandas locales de todo tipo (incluso tocó la Bersuit, cuando estaba empezando).

Bueno, pasó el tiempo y recién, recién ahora, algunos concejales se acuerdan de que hay una ordenanza que impide demoler edificios de antes de 1953, y que el edificio en donde estaba asentado este mítico bar era uno de ellos.

Creo que no puedo decir mucho más al respecto, salvo que todo esto me enferma un poco. Casi todos los días veo demolerse edificios de antes de esa fecha, y nadie hace nada.

Cuando me enteré de la demolición, traté de conseguir fotos. Lamentablemente, Google Street View no pasó por esa cuadra; no sé por qué, pero en su mapa está en blanco, por lo que parecían no existir registros de nada de lo que ahí está o estuvo.

Y sin embargo, al buscar y buscar por el mapa virtual, me pregunté, ¿no estuve yo ahí antes? ¿No tengo fotos de esa cuadra?

La foto de la nota anterior de La Capital es escalofriante.




La de abajo es mía. El parecido, el ángulo, el encuadre... me dio escalofríos. Había estado ahí. Y de pronto los dos recuerdos eran uno, y de pronto ya no existían.

El edificio con el globo terráqueo era el bar Luna. Y yo como si nada. Lamentablemente, no podía prever su destino en agosto del 2013, cuando saqué estas fotografías.



Por lo menos, no tengo que poner esta entrada dentro del grupo de "los perdidos". Estuve ahí, pude documentar aunque sea ALGO. Veré si puedo encontrar más fotos, pero mucho me temo que no habría más. Creo que son las únicas que saqué, porque más allá del globo terráqueo, poco me interesó el edificio por fuera, a pesar de que por dentro era muy curioso. Además, recuerdo que estábamos paseando y recorrimos muchas cuadras; no nos concentramos en todo lo que vimos.

En estos últimos años la Municipalidad ha hecho cualquier cosa con los permisos de construcción y demolición. Han causado un daño irreparable, y este sitio no es más que otra víctima. Esperemos que con las denuncias algo cambie y se cuide más lo poco que queda.

El edificio con los extraños "portales" en la terraza, vecino a este que ya no existe, es un bonus a esta entrada. El extraño contraste que los dos planteaban, uno más academicista, el otro más art decó o ecléctico, fue parte del encanto de sacarles fotos.

Como se puede ver, la calle está en pendiente, por lo que las fotos costaron un poco, sumado a que era de tarde y el sol hacía de las suyas con la iluminación.

No tengo mucho más para decir. Que haya ido a un edificio antiguo de cuya fachada no tomé nota mental es poco común. Que justo GSV no haya pasado por esa única cuadra es curioso; que justo yo haya pasado, unos meses antes (GSV hizo sus primeras pasadas por Rosario en diciembre de 2013) y haya inmortalizado un edificio al que fui pero no identifiqué, y del que ahora quedan pocos registros, resulta una triple coincidencia algo espeluznante. Como si yo estuviera destinado, sin saberlo, a ser parte del drama, a documentarlo, a verlo desde un sitio muy especial.

Buceando en los registros de fotos que se subieron a su página de Facebook, encuentro alguna más que documenta el árbol dentro del edificio, aunque sin verlo en todo su esplendor:



También, una valiosísima foto de la fachada, posiblemente de la noche de cierre o unos días antes. Como puede verse, la pintaron de rojo después de que yo saqué mi foto; en las fotos de GSV se ve, de costado y de lejos, el edificio como una mancha roja.


¿Donde habrá ido ese globo terráqueo? Ojalá alguien lo conserve y lo valore. Tal como comenta alguien en esta foto, Rosario perdió aquí dos patrimonios: el intangible, de un bar que hizo época, y el tangible, el de un edificio hermoso que pudo ser mejor aprovechado.

Como cierre, dejo esta ilustración que alguien colgó en la página de FB del bar. Como comenté antes, mientras la navegaba para esta entrada, cambiaron la portada y pusieron esta imagen. Es del 31 de mayo de 2015, días antes de la demolición. No está el globo, como si ya se hubiera ido volando a alguna parte.